De vuelta al fin!

21 08 2007

Wiii al fin estoy de vuelta en el mundillo virtual!! (y espero que por harto tiempo)

Les cuento que hice muchas cosas mientras no estaba por aquí, cosa que demuestra que después de todo hace bien desconectarse un rato.

Mi carrera anda excelente, buenas notas y muchos proyectos en carpeta; sencillamente feliz con ese punto. Atención: Atentos al nombre “El señor de los porotos” (no diré más hasta el 1° semestre del 2008, cuando lo vean hasta en las micros). Escribí un par de cosas que voy a compartir con uds un poco más abajo. Regalonié con mi gato y aproveché de conocer las bondades de los computadores de la biblioteca (son lentos, los lectores de cd apestan y estan llenos de virus).

Aprendí lo importante que se ha vuelto la internet en estos tiempos. Frases como “nos juntamos en messenger”, “oye Eduardo conectate que necesito preguntarte algo” o “yo te aviso a la noche” fueron el pan de cada día, por supuesto acompañadas del tipico “no puedo wn…no tengo internet ¬¬”.

Aprovecho de pasar el aviso: Miercoles de 6 a 8 de la tarde: Heal Plz, un programa supercalifragilisticoespialidoso y super cachilupi donde estaré compartiendo el microfono con mi amiga y compañera Angela. Todo esto por http://radio.terra-gaming.com:8000 (nada que ver con terra.cl)

Ahora si, la historia. El tipo de narración es inspirado en Raymond Carver (que me lo recomendó mi profe de Estetica del Audiovisual. El libro que leí de él es como el loli, pero la redacción es genial) y la historia es inspirada gracias a Judith que me puso el desafío. Pretendo sacar una segunda versión con más detalle, no quedé muy conforme sobre todo con el final, creo que podría haberle sacado más partido a la situación. Sin más preambulo, la historia:

“¿Me amas? – preguntó el joven. Te amo – respondió ella. Y partió. Era tarde, así que se dirigió rápidamente al lugar de siempre. Se sentó en la barra, pidió una cerveza y esperó. Observó alrededor, pero no vio nada interesante. Se paró, fue al baño y volvió. Prendió un cigarro, luego otro. Estaba nervioso, inquieto. Sabía a lo que había ido. Tras dudar un momento, una joven se acercó hacia él con un cigarro en su mano. ¿Tienes fuego? – preguntó. Sólo ese fugaz encuentro bastó para que él abandonara todo lo que ella construyera con tanto esfuerzo. Le había mentido.

Al día siguiente no la vio. No contestó ninguna de sus llamadas ni sus mensajes. Decidió ignorarla en internet. La traición era aun reciente como para actuar normalmente. A pesar de todo lo que él creyera, tenía conciencia y le remordía. Al fin el día lunes decidió aparecer por su casa, cariñoso como siempre, con la misma sonrisa y los mismos ojos con que la conquistara. Ella jamás se enteró de lo sucedido, aunque las flores le parecieron sospechosas. Con el tiempo, todo era cada vez más sospechoso. Son ideas mías – pensaba. Siempre eran ideas. Tomaron té juntos, pasearon por el parque, se besaron como no lo hacían hace años. Ella, rubia y hermosa; él, moreno y esbelto. La pareja perfecta, según todos. Ella estudiaba psicología, él medicina. En el camino de regreso a casa, cada uno con un helado en la mano y el corazón alegre, encontraron un pequeño gato abandonado. Ella se conmovió tanto al verlo, indefenso, que lo llevó a casa. ¿Cómo le ponemos? – preguntó ella. Que se llame como tú quieras – dijo él. Me gusta Kitty, dijo la mujer. Y finalmente ese fue su nombre; Kitty.

Cayó la noche y nuevamente él fue aquel lugar. Pidió una cerveza, puso su mano sobre su celular y recuperó el número que obtuviera la otra noche de la memoria. Al rato, apareció una morena muy sensual, esta vez sin cigarro en la mano. Se saludaron, se besaron, bailaron largo rato hasta que la fiesta hubo terminado y se fueron a su casa. Nuevamente ocurriría, pero esta vez él estaba preparado. Lo tenía todo preparado. Llegaron a la casa de la joven, ella tomó la llave y la puso sobre la manilla de la puerta. Él mientras tanto recorría con sus manos cada centímetro de su cuerpo. Se posó largo rato sobre sus pechos; ella respiraba agitada. Entraron a la misma habitación de la vez anterior, se desnudaron y sucedió. Esta vez no se sentía tan culpable, esta vez estaba seguro de lo que quería. Al día siguiente llamó a su novia por teléfono para invitarla al cine. Ya no sentía culpa.

Lo mismo siguió repitiéndose durante algún tiempo, hasta que ella finalmente tuvo el valor de encararlo. Al principio él lo negó todo, no quería parecer un descarado frente a su familia, pero finalmente lo aceptó. La discusión se prolongó durante algunas horas. Ella lloró, él le pidió perdón, le prometió que no volvería a ocurrir, aunque sabía que mentía. No – dijo ella – ya no quiero saber nada más de ti. Esto se acabó. Dijo esto y se marchó. Sería la última vez que él la viera hasta mucho después.

Con el tiempo, Marcos se volvía cada vez más y más inquieto. Nunca pudo superar la ruptura, nunca se perdonó la traición que cometió, no pudo olvidarla. Incluso adoptó un gato y lo llamo Kitty, igual que aquel que vieran aquella feliz tarde, hace ya 5 años. Su departamento era sombrío y desordenado, triste y solitario. Casi nunca estaba ahí, prefería salir con sus amigos o quedarse haciendo horas extras en el trabajo. “Para no pensar tonteras” se decía a si mismo. Una tarde viendo televisión, escuchó la noticia de una colecta solidaria para apoyar a un hogar de monjas que no alcanzó a identificar, cuando la vio. Su corazón latió con fuerza. Las lágrimas se le fueron a los ojos. Su mente comenzó a pensar, a recordar. La llama de su corazón cobró más fuerza que nunca, tenía el deseo de recuperar aquél antiguo amor. Ella aun era hermosa, sus cabellos rubios sobresalían a la túnica que ahora vestía. Su figura seguía siendo la de antes, sus ojos aun lo cautivaban, era como si los años no la hubiesen afectado. Desesperado y con un calor que no sentía hace años en su pecho, se abalanzó sobre el computador. Cada letra que tecleaba era como una bomba que explotaba en su corazón. A-L-I-C-I-A. Ahí estaba, su historia completa desde que ella lo dejara. La pena hizo que abandonara su carrera de psicología y que sintiera un inmenso amor por los desvalidos, por lo que decidió abandonar todo y convertirse en monja. Anotó la dirección y se prometió a si mismo que la recuperaría, que lograría dejar todo el pasado atrás, que lograría que ella la perdonara y que serían la familia que durante años el planeara.

Al día siguiente se levantó más temprano de lo normal. No había dormido nada pensando en lo que le diría, en como se vestiría, en si sería capaz de perdonarlo. Se tomó un café y partió. Compró unas flores – rosas, las favoritas de Alicia – y dirigió sus pasos al convento. Dudó un segundo en la puerta, repasó sus líneas mentalmente y entró. Busco a la hermana Alicia; dijo. Una de las monjas entró y apareció acompañada por la joven. Ella, al verlo, le dirigió una sonrisa y se acercó a saludarlo, distante pero amable. Pasearon por los jardines conversando de los viejos tiempos, él nervioso, ella serena. Hasta que al fin vino la pregunta tan esperada. Ella sonrió, miró al piso, pero no dijo nada. Tomó aliento un segundo y le contestó. Lo siento – dijo – Pero estoy completamente dedicada a mi vida. Verás…todo ha cambiado mucho desde entonces. Ahora puedo ayudar a la gente, vivo feliz aquí, tengo todo lo que necesito. No puedo estar contigo, espero que lo entiendas. Él la miró y le sonrió. Con el corazón destrozado le dijo que lo entendía, siempre sonriendo. Terminó la conversación rápidamente, se despidió con un beso en la mejilla y se fue. Ahora, Marcos no habla con nadie. Es inseguro, callado, nunca dice lo que piensa y siempre es el primero en irse, casi como si algo le presionara el corazón y lo obligara a ser frío y calculador. Vive la vida en desgracia por un amor que tuvo y no supo aprovechar, por todo lo que la vida puso en sus manos y dejó escapar. Tomó el lápiz y comenzó a escribir, debía entregar un trabajo para el lunes.”

Eso sería. Cuidenselo y lavense los dientes antes de dormir.


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